Dos periodistas asesinados en Poza Rica y una comunicadora privada de su libertad en el sur del estado durante el primer semestre del año confirman que Veracruz sigue siendo uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo en México. Organizaciones como Artículo 19 y Reporteros sin Fronteras advierten que los mecanismos de protección muestran fallas graves. La gobernadora Rocío Nahle descartó que los crímenes estén vinculados al trabajo periodístico de las víctimas, lo cual agrava la percepción de impunidad entre el gremio
XALAPA, Ver.– El asesinato de dos periodistas de la fuente policiaca en el norte de Veracruz y la privación de la libertad de una comunicadora en el sur, ocurridos durante los primeros seis meses del año, evidencian que pese a los cambios de gobierno el estado mantiene una crisis en materia de libertad de expresión, panorama en el que coinciden organizaciones defensoras de periodistas.
Los mecanismos de protección muestran fallas y dejan al descubierto la vulnerabilidad del gremio frente al aumento de la violencia y la disputa entre grupos de la delincuencia organizada en varias regiones del estado, alertaron organizaciones como Artículo 19, el Observatorio de Medios y Reporteros sin Fronteras (RSF).
Veracruz se mantiene como una de las entidades más letales para la prensa, con 33 periodistas asesinados y siete desaparecidos desde el año 2000 a la fecha.
“Las últimas tres desapariciones en el país y ahora los últimos dos asesinatos han ocurrido en la entidad federativa”, denuncian Artículo 19 y RSF.
Encima de todo, sobre estos crímenes la gobernadora Rocío Nahle afirmó que la Fiscalía investiga los casos independientemente de la profesión de las víctimas, aunque advirtió que las líneas de investigación no están relacionadas con su trabajo periodístico.
Ésta es la situación que viven desde hace meses periodistas de la zona norte de Veracruz, quienes trabajan bajo un clima de miedo constante. Tras el asesinato de sus compañeros en Poza Rica han optado por acudir en grupo a las coberturas, mantenerse vigilantes entre ellos y dejar de cubrir hechos que consideran de alto riesgo.
Periodistas de la región, cuya identidad se reserva por razones de seguridad, afirman que el gremio enfrenta desde hace años una relación tensa con corporaciones policiacas, además de un contexto de violencia creciente en municipios como Poza Rica, Tihuatlán, Coatzintla, Cazones y parte de Tuxpan, por la reciente disputa territorial entre grupos delictivos.
“Ya le pensamos para salir”, dicen al describir el ambiente que se vive en la zona norte, donde en los últimos meses se han registrado privaciones de la libertad, homicidios y hechos violentos a distintas horas del día.
Los cuidados se intensificaron en enero pasado, tras el asesinato del periodista Carlos Castro, ataque que fue grabado y difundido por los agresores en un conocido restaurante de Poza Rica. Castro había contado con medidas de protección brindadas por la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) en 2024, pero no fueron renovadas.
A su asesinato se sumó la desaparición de sus amigas Wendy Portilla y Karime Murrieta, quienes fueron vistas por última vez después de salir del sepelio y permanecen sin ser localizadas hasta la fecha.
Hasta ahora la Fiscalía informó que existen dos órdenes de aprehensión por el crimen del reportero, pero no hay detenidos.
Cinco meses después, el asesinato de Luis Ángel López Valdés, de 28 años, volvió a encender las alertas para el gremio. El reportero, quien desde hacía unos meses cubría la fuente policiaca para el periódico Vanguardia de Veracruz, había solicitado medidas de protección por la “presencia velada de sujetos con características sospechosas”.
El video de la agresión también fue filtrado. De acuerdo con la Fiscalía, Luis Ángel recibió 18 impactos de bala. Hasta ahora se mantienen dos líneas de investigación, y como en el caso de Carlos Castro, tampoco hay detenidos.
El día de su asesinato le correspondía cubrir la guardia nocturna, de las 16:00 a las 2:00 horas. Según la Fiscalía, el ataque ocurrió poco después de la medianoche, cuando Luis Ángel manejaba su taxi, al mismo tiempo que realizaba labores como reportero.
“Yo todavía recuerdo que le marqué y le dije oye, ten cuidado, los policías andan muy sobre de nosotros, muy prepotentes, muy altaneros. Él me dijo que sí, que iba a tener cuidado”, relata un colega reportero.
Para explicar el contexto en el que trabajan, entre el hostigamiento policiaco y el crecimiento de la inseguridad, un periodista recuerda que días antes del asesinato de Luis Ángel se registró un intento de agresión contra otro comunicador durante una cobertura en la colonia Santa Emilia: “Quisieron llevarse a un periodista también. Afortunadamente estábamos varios compañeros y no se logró”.





